viernes, 3 de junio de 2011

Colorin colorado la mentira ha terminado.

Hoy me miré en el espejo y me di cuenta: hace mucho que están ahí, son dos lunares en mi cara, uno al lado de mi nariz, y otro en el mentón, más chicos que los de las brujas de los cuentos pero están… y estoy sospechando que soy una de las brujas de esos cuentos de princesas.

Viajé a mi infancia por un tiempo y volví a leer los cuentos de princesas, aquellos clásicos. En todos ellas se ven en una situación complicada. Son mujeres fuertes, desenvueltas, lindas, refinadas, valientes, pero necesitan de un príncipe, necesitan de otro. Ese otro las “salvará” del hechizo que la bruja les hizo.

Cuesta pasar por el túnel del tiempo hasta llegar a la infancia, pero llegué, y recuerdo cómo mis juegos con muñecas reproducían esos modelos de los cuentos. Con las Barbies era Ken, hombre fuerte que se la jugaba por ella, y todo siempre terminaba en un baile, un gran baile entre ellos. Y de repente chan, la radio. Escucho un reggaetón, qué distinto el baile de hoy, no se parece en nada a los vals de las princesas, de hecho no se escuchan ni se bailan vals. Bailamos distinto, nos vestimos distinto, tenemos otra actitud frente a la vida. Las mujeres de hoy no nos parecemos en nada a las princesas. Y entonces pregunto… ¿para qué sirven los príncipes? Alto ahí! ¿No creerán que así pienso que los hombres de hoy se comporten como príncipes? El comportamiento de ambos está alejado de los príncipes y de las princesas, pero ambos géneros seguimos con ese patrón incorporado, ese estereotipo de varón o mujer, y ese estereotipo de “amor sufrido”, al cual me atrevo a llamar “patético”.

Este “amor patético” esconde sufrimiento, ¿es necesario que sufra por una persona? Si esa persona ni siquiera es un príncipe, no me salva de ningún hechizo, ni me asegura vivir en un palacio a todo lujo… prefiero lo simple, lo sencillo, lo básico. Hay muchas historias de amor simples que no implican sufrimiento ni grandes proezas, que duran y duran para siempre, que hacen felices a unos y otros, entonces pregunto por qué esperamos y buscamos eso… ese “amor sufrido” que nos hace hacer cosas patéticas y vernos patéticos. Y no somos sólo las mujeres quienes buscamos esto.

¿Será que vi esos dos lunares y ninguna corona? Los lunares están ahí, pero ni ahí que me siento bruja, tampoco princesa… a diferencia de ellas puedo sentir un beso, si me tocas o un abrazo porque YO SOY REAL.